
Cuando cometemos errores continuos, sin una paga definitiva, llega un momento en el cual se nos juntan los intereses, la mora, el capital y hasta los gastos legales, en materia sentimental.
La derrota es un sentimiento que obliga a los seres humanos a sentarnos y pensar, solo pensar, no en solucionar un problema, mas bien, en atender los embates a los cuales seremos sometidos con el transcurrir del tiempo, que es el real juez de nuestro accionar, al mostrar en su transcurrir las razones pendientes.
¿Porque nos equivocamos tanto?, ¿será esto por una condición de la creación?, ¿o es que no sabemos que amar aunque rime con dañar, no combinan?.
Jugamos como seres humanos “adultos” a ser “inocentes” y a actuar sin pensar, que en un futuro casi inmediato, nos daremos cuenta por la paga, de que cometimos un desliz, que sabíamos sus consecuencias y que aun así, “inocentes”, metimos la pata.
Nos faltara mucho para dejar de pagar lo fiado que nos cobra la vida al tomar prestado errores, a una alta tasa de interés y con otras atribuciones de cobro que redundan en la parte más sensible de nuestro corazón y más cuando ponemos en garantía el alma, sin calcular que solicitar perdón, no es en realidad una paga sincera e inmediata.
¿Algunas veces me pregunto, de donde llega esa fuerza, que en los momentos que caemos nos levanta?, ¿será del cielo?, aunque dura mucho en llegar, creo muy seriamente que sí, pues solo una explicación basada en lo insondable, es la respuesta perfecta, para la resurrección de un alma “inocente”, hipotecada por los errores de su dueño y apropiada por el sufrimiento.
R.C.
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